Un nuevo artículo del ex ministro de relaciones exteriores de Armenia, Vardan Oskanian, titulado "¿Cómo no negociar?".
Desde cualquier punto de vista objetivo, Nikol Pashinian ha demostrado ser el negociador más fracasado que haya tenido Armenia. En los seis años que han transcurrido desde que llegó al poder, cada asunto diplomático o estratégico que ha tocado se ha convertido en cenizas. Armenia, que otrora era un Estado vibrante y resiliente, hoy se encuentra devastada: perdió Nagorno-Karabaj, tiene territorios ocupados, defensas debilitadas, alianzas rotas y un pueblo desilusionado.
Sin embargo, esto no es simplemente una consecuencia de la agresión azerbaiyana. Esta situación es el resultado directo de un liderazgo deficiente sin precedentes y de la violación sistemática de los principios fundamentales de la negociación.
Los fracasos de negociación de Pashinian no son abstractos. Son profundamente tangibles y nos han conducido a resultados desastrosos en el mundo real. Durante sus días, Armenia tuvo guerra, no pudo evitarla ni detenerla y fue vergonzosamente derrotada, con miles de bajas. La declaración de alto el fuego se firmó bajo presión, pero incluso después no pudo garantizar la implementación de ninguna disposición de esa declaración que pudieran beneficiar a los intereses de Armenia.
Es más, luego entregó efectivamente Nagorno-Karabaj en Praga, “lavarse las manos” y allanar el camino para una limpieza étnica completa. Desde entonces, Azerbaiyán ha incrementado gradualmente sus demandas, ampliado sus ambiciones territoriales, secuestrando a los dirigentes de Artsaj y ocupando partes del territorio soberano de Armenia. Y Pashinian continúa el camino de las concesiones.
El "enfoque" negociador de Pashinián, si es que así se le puede llamar, se caracteriza por una incompetencia fatal. Ha aceptado repetidamente las condiciones de la otra parte, incluso antes de las negociaciones, privando a Armenia de cualquier influencia. Es más, a menudo no planteaba en absoluto las prioridades armenias. Su comportamiento no recuerda al de un líder que busca resultados, sino al de una persona que busca su propiol éxito a toda costa, sin agallas ni pensamiento estratégico.
El último ejemplo fue aceptar los puntos finales del llamado “acuerdo de paz” sabiendo que las demandas de Azerbaiyán aún persisten. Bakú sigue exigiendo un corredor extraterritorial a través del sur de Armenia, enmiendas constitucionales y la abolición completa del Grupo de Minsk. Pashinián aceptó ese marco sin ninguna compensación o garantía visible.
Este patrón de concesiones sin reciprocidad, acuerdos sin garantías y diálogo sin determinación, ha dejado a Armenia en una posición estratégicamente peligrosa y vulnerable. La Armenia de hoy no sólo ha perdido territorio y vidas, sino también la autoridad moral y el capital diplomático necesarios para enfrentar las ambiciones de Azerbaiyán. Los fracasos de Pashinian han convertido el conflicto en una crisis existencial.
Cada negociador opera dentro de ciertas restricciones, pero los buenos líderes son capaces de crear resultados dentro de esas mismas condiciones. Pashinián ha tomado el camino opuesto, tomando malas decisiones, rechazando el asesoramiento de expertos y eligiendo la vulnerabilidad unilateral en lugar de una diplomacia sofisticada y audaz.
Se alejo de sus aliados, juzgó mal a sus oponentes y se perdió los momentos más importantes de la historia moderna de Armenia.
Los principios claves de la negociación incluyen centrarse en los intereses, en lugar de en las posiciones, crear opciones mutuamente beneficiosas antes de tomar una decisión final y establecer criterios objetivos para gestionar los resultados. Pashinian no aplica ninguno de estos principios.
Su mandato debería convertirse en tema de estudio en los cursos de relaciones internacionales y negociación, como un ejemplo clásico de cómo no se debe negociar y de cómo una diplomacia débil y sin principios puede llevar a la destrucción nacional.
Armenia se enfrenta actualmente a una pesadilla de seguridad. Pashinian no sólo no ha logrado proteger los intereses de Armenia, sino que ha contribuido a erosionarlos.